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Arquivo da tag: Historiografia Digital

Histórias no Ciberespaço

Salve leitores! Gostaria de convidá-los a ler meu artigo “Histórias no Ciberespaço: viagens sem mapas, sem referências e sem paradeiros no território incógnito da Web“ na Edição nº 06 dos Cadernos do Tempo Presente (GET).

O texto trata de problemáticas e angústias já versadas aqui neste blog. Assim, acredito que os leitores que chegam até aqui buscando ler sobre o par História e Internet podem se interessar pela minha pequena colaboração neste novo e instigante debate lá no GET.

Para ler o artigo, seguir este link: http://www.getempo.org/revistaget.asp?id_edicao=32&id_materia=111

 

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Historia Critica: dossier “historia digital”

Parabéns a todos da “Historia Critica” pela excelente e precisa publicação a cerca dos novos desafios para os historiadores do século XXI.

Acessem o volume digital para a leitura no ISSUU: http://issuu.com/rfaciso/docs/historia_critica_no._43 (em breve instalarei o plugin do issuu aqui no WordPress para facilitar).

 

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Da escassez à abundância

Pode interessar a muitos leitores deste blog o texto que pego emprestado do Historia Digital (aliás,  este blog está entrando neste momento para o meu blogroll, sensacional, vale a leitura!).

Boa leitura, espero que lhes seja útil.

*por Jairo Antonio Melo FlórezHistoriador de la Universidad Industrial de Santander, Experto en eLearning 2.0 y estudiante de la Maestría en Historia de la UIS. Miembro del grupo de investigación Políticas, Sociabilidades y Representaciones Histórico Educativas.


De la escasez a la abundancia

Al igual que la historia evenemencial se centró en los acontecimientos notables de la historia para realizar sus estudios, la historia local se ha encerrado tanto en los archivos regionales y locales que se ha aislado del mismo contexto nacional. De cierta manera, se han creado dos bandos donde el primero se centra en las fuentes y parte de la información disponible para hacer sus relatos, muchas veces descriptivos por las mismas limitaciones analíticas que un estudio limitado de fuentes permite; en tanto un segundo grupo supera las angustias de la mera descripción con forzar la información disponible a caber dentro de modelos explicativos exitosos a nivel mundial, lo cual conduce ya no a la insuficiencia analítica sino a la elucubración y tergiversación de la fuente para ser acomodada al modelo.

Es imposible abordar la Historia digital sin pensar en la Historia Global, y pensar en la Historia Global para aquellos que estamos “entrenados” desde nuestra formación al abordaje detallado de una pequeña parte del mundo es algo bastante complejo. El ejercicio sin embargo es sumamente satisfactorio, ya que de hecho mentalmente conecta al historiador con la abrumadora red de relaciones que implica un asunto denominado la Web 2.0, la multiplicidad de lenguajes en el cual está representada esta historia, así como la vertiginosidad del cambio, la debilidad de la permanencia y la digitalización de la realidad material a la cual nos enfrentamos dentro de la globalización y la Internet.

Hugo Fazio Vengoa ha señalado que la Historia Global desplaza el laboratorio del historiador del archivo a la biblioteca[1], así mismo, la Historia digital desplaza el archivo del historiador de la biblioteca a la Web, lo cual hace que el laboratorio del historiador sea aún más vasto. La Historia digital es de hecho una Historia Global por depender necesariamente de un contexto globalizado, difícilmente se pueden hallar fronteras en una figuración donde incluso existe un idioma dominante, el inglés, y un formato único, la pantalla del ordenador, ya sea este de escritorio, portátil o móvil. Sin embargo, es de hecho una acumulación de historias locales que se enfrentan a lo global, al contrario de lo esperado, son las historias subalternas, las memorias ocultas y ocultadas, las que se han visto emerger en el marco de la Historia digital, antes que el dominio de un discurso proveniente de los Estados o de las compañías supranacionales[2].

El reto en este caso, es que se pasa de un contexto de escasez: el archivo regional, la biblioteca municipal, el archivo departamental… a un contexto de abundancia, donde ya el problema no es limitarse a un problema de investigación y a un abordaje descriptivo de la historia por las fuentes disponibles, sino el ahogarse en un mar de datos utilizando fuentes globales, multilingüísticas, multiculturales, donde la búsqueda de la información podría ser tan compleja que obligue al investigador a reducir sus aspiraciones y retornar a la escasez por falta de tiempo para investigar.

La heurística de fuentes en este caso se vuelve ya mucho más compleja, lo cual dependiendo del tipo de problema de investigación al cual se esté enfrentando puede implicar incluso recurrir a la minería de datos o a otro tipo de estrategias técnicas para hallar información relevante en la Web. En diciembre de 1995, William J. Turkle definió a la Web como “un archivo que está en constante cambio y tiene una eficacia infinita”[3], denominó a su proyectoDigital History Hacks, según él, inspirado por la concepción de Tim O’Reilly de Hackingquien habría utilizado el término de una manera positiva para denominar a aquellos “innovadores que exploran y experimentan, descubren atajos, crean herramientas útiles, y llegan a cosas divertidas por sí mismos.”[4] Según Turkle, los historiadores han encontrado y contribuido al diseño de algunas herramientas bastante eficientes para la recopilar la historia presente en la web, como es el ejemplo de Omeka, un Sistema de Manejo de Contenidos para el desarrollo de repositorios o bancos de memoria digital desarrollado por el Centro para la Historia y los Nuevos Medios (CHNM); pero no han desarrollado un sistema para hacer búsquedas históricas, ya no solamente en los repositorios y bancos de memoria digital, sino en el archivo infinito que representa la Web.

El señalamiento de Turkle es bastante coherente, más aún teniendo en cuenta que el debate por la conservación ha dejado de lado el debate por la búsqueda metodológica de fuentes, parte fundamental del oficio del historiador. Turkle, quien ha sido uno de los pocos historiadores que se ha enfocado en el problema de la búsqueda razonada de fuentes históricas en la web, ha encontrado en el método de la minería de datos una posibilidad de enfrentar el caos y permanente cambio de la información de la web, no sólo la acumulada en los repositorios digitales, sino además aquella que se produce y archiva autónomamente por la obra de servicios sociales o en alojamientos virtuales alquilados por usuarios particulares. La minería de datos no es un método que provenga de la historia, ni siquiera de las ciencias sociales, es un conjunto de técnicas que tienen como base la inteligencia artificial y el análisis estadístico, utilizada sobre todo por los estudios de mercado para las empresas[5]. Comprende dos extensiones importantes, la minería web y la minería de textos, con respecto a la primera extensión, esta tiene un dominio de extracción de conocimiento que interesaría a los historiadores, como sería la minería de contenido web, el cual es un proceso de extracción de conocimiento del contenido de documentos o sus descripciones[6]. La minería de textos se considera como una forma de la minería de datos que “permite la extracción de conocimiento de grandes repositorios de información, estructurada o no, en formato texto. El objetivo es… descubrir patrones de comportamiento no visibles y nuevo conocimiento dentro de una colección documental.”[7]

Antes que entrar a profundizar sobre esta técnica, lo que se quiere resaltar es la tendencia de los historiadores a acercarse cada vez más a la tecnología, a la informática específicamente y a la estadística, tal y como lo hicieron en tiempos pasados con la economía, la demografía y otras ciencias auxiliares en la clíometría. William Turkle es visto como “uno de los académicos más osados en este mundo de la historia digital[8]”, debido tal vez a que es uno de los que se acerca en mayor medida a la programación informática, tanto así que escribió junto con Adam Crymble y Alan MacEachern, un hipertexto llamado The programing historian, algo así como “El historiador programador”. En este hipertexto de acceso abierto, Turkle, Crymble y MacEachern, animan a los historiadores a iniciar la adquisición de competencias para programar en lenguaje Python, aunque se parte del presupuesto de que el historiador que se acerca al hipertexto no tiene conocimientos previos respecto a la programación y tiene solamente un manejo funcional de los ordenadores y la Internet. La idea del libro es que el historiador aprenda a programar y a manejar herramientas de acceso libre y código abierto como Zotero, Firefox y Smile, mientras realiza su trabajo de investigación, pero que además, contribuya al hipertexto para mejorarlo, de una manera muy similar a como se construye el software libre[9].

Es difícil ver a un Darnton o a un Chartier tratando de programar en Python mientras realizan sus estudios de historia de la cultura, pero sería difícil abordar un trabajo sobre la historia de la cultura digital sin utilizar por lo menos algunas herramientas propias de la web y de la informática. Hace poco menos de dos décadas, los historiadores pasaron de manera lenta y renuente a utilizar procesadores de texto y tablas de datos para su oficio, poco a poco, el ordenador y el software se ha convertido en una herramienta fundamental en el procesamiento de la información histórica, así mismo, se ha desarrollado software que sirve de manera muy específica para el trabajo del humanista en general, como Atlass-Ti o Nvivo, pero tal vez en muy pocas ocasiones, los historiadores están tan pendientes de generar desarrollos tecnológicos donde ellos mismos formen parte del diseño e implementación de proyectos de base tecnológica, como es el caso del software y los sistemas de manejo de contenidos en la web. En definitiva, es clara una cosa, en el archivo infinito donde estamos inmersos con un solo clic difícilmente podremos investigar armados solamente de un lápiz y un papel.

Continuamente se concretan nuevos proyectos de digitalización y publicación de fuentes, en febrero de este año la Biblioteca Nacional de Colombia “incursionó en la era digital”, y aunque es mejor tarde que nunca, esto permitirá poner en común la documentación como periódicos, mapas, planos y libros históricos, con lo cual “en adelante su acervo bibliográfico y documental podrá estar a disposición no sólo de los colombianos, sino de toda persona que pueda acceder a internet en cualquier lugar del mundo.”[10] El periódico El Tiempo se vinculó al proyecto de Google News Archive, donde están disponibles de manera digital los periódicos desde el número 4 (2 de febrero de 1911) hasta marzo de 2007, aun cuando los últimos años tienen deficiencias en su digitalización, y pueden ser consultados, simulando un lector de microfilms, directamente en un espacio de la versión en línea del periódico[11].

Muchos recordamos hace diez años cuando la biblioteca Luis Ángel Arango puso a disposición su biblioteca virtual, al mejor estilo de la biblioteca virtual Cervantes, en ese momento eran las mejores posibilidades para acceder a recursos bibliográficos en línea, hoy en día el proceso es algo más complejo. Por ejemplo, si se estuviese realizando una investigación relacionada con el Canal de Panamá entre 1889 y 1914, desde el fracaso de la compañía de Lesseps hasta el primer viaje a través del Canal, sería interesante tener a disposición algunos artículos de prensa mundiales relacionados con el asunto, y para ello se deberá afinar la búsqueda mediante las herramientas avanzadas que permiten discriminar fechas, idioma, fuente e incluso precio; para luego navegar por la línea de tiempo y escoger de que mes y año se desean consultar las noticias. Siguiendo con el ejemplo, es posible acceder a noticias relacionadas con el fracaso de la compañía de Lesseps del New York Times[12], o del diario australiano The Age[13], a la revuelta de “negros” por la reducción de los salarios de enero de 1889 señalados en un cable del Evening Post de Nueva Zelanda[14] y comparar esta noticia con otra producida por el New York Times[15], y así sucesivamente es posible realizar una investigación exhaustiva tan sólo con cables internacionales.

Sin embargo, no se puede caer en el entusiasmo tecnológico, varios inconvenientes se deben tener presentes, siendo el primordial la cuestión del idioma. Según el Internet World Stats, el idioma predominante en la Web es el inglés, seguido de cerca por el Chino y de lejos por los demás idiomas encabezados por el castellano[16]. Así, cuando se cambia de idioma en la búsqueda los resultados comienzan a ser nulos o poco relevantes, en francés, por ejemplo, la búsqueda por noticias relacionadas con el Canal de Panamá se remontan tan sólo a 1910, dos de los cuales provienen del periódico L’abeille de la Nouvelle-Orleans, una publicación en francés publicada en la ciudad de Nueva Orleans de 1827 hasta 1923, otra noticia de Le Canada, y una última de 1914 La Justice de Biddeford, estos dos últimos, periódicos canadienses. Una situación similar se presenta con el castellano, donde dominan las noticias provenientes del periódico El Tiempo, con excepción de una nota editorial del “Correo Español”, periódico de la colonia española en México, y otra del “Diario del Hogar”, también de México, los cuales son opiniones antiyankees que incluyen al Canal dentro de sus argumentos.

Viendo lo anterior, es claro que aún las fuentes digitalizadas en estos servicios está limitada en buena medida al idioma inglés, pero así mismo, se relaciona fuertemente con el “anglocentrismo”, ya que la mayoría de los periódicos son de origen norteamericano y de la Commonwealth, al explorar por otras fuentes en contextos diferentes los recursos se vuelven más limitados.

El historiador entonces debe explorar más allá de Google, que a veces pareciera la única herramienta disponible en la Web, y revisar proyectos específicos como el Internet Archive, que al disponer de colecciones provenientes de bibliotecas norteamericanas, remite a una buena cantidad de libros mundiales en varios idiomas, así como el Proyecto del Millón de Libros (que por el momento va por cien mil títulos), entre otras colecciones que en total suman más de dos millones de libros. Si se tiene en cuenta que la biblioteca del Congreso de Estados Unidos alberga más de 32 millones de libros catalogados es claro que la digitalización de libros está lejos de equiparar a las bibliotecas tradicionales.

En el año 2003, Roy Rosenzweig decía que “los historiadores deben estar pensando al mismo tiempo sobre cómo investigar, escribir y enseñar en un mundo de insólita abundancia histórica y la forma de evitar un futuro de escasez de registro.”[17] Aún a pesar de las dificultades presentadas anteriormente, cada vez la historia de la segunda mitad del siglo XX en adelante especialmente se complementa con un mayor número de fuentes de todo tipo, no sólo los tradicionales periódicos y libros, así mismo, documentación fílmica, no sólo a través de los archivos fílmicos como el Moving Image Archive, sino a través de medios como Youtube, donde cada vez se encuentran más aportes tanto de instituciones como de colaboradores espontáneos; The Commons es un proyecto de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y Flickr donde se encuentran disponibles un número permanentemente creciente de fotografías históricas de todo el mundo alimentadas por instituciones y usuarios.


[1] Hugo Fazio Vengoa, “La historia global y su conveniencia para el estudio del pasado y del presente”, Historia Crítica Edición Especial, (2009): 313.

[2] Hugo Fazio Vengoa, “La historia global”, 318.

[3] William Turkle, “Digital History Hacks” entrada en el blog Digital History Hacks (2005 – 08) Methodology for the Infinite Archive, (18 de diciembre de 2005), http://digitalhistoryhacks.blogspot.com/2005/12/digital-history-hacks.html, (fecha de consulta 25 de octubre de 2010)

[4] O’Reilly Media, “Hacks, a clever solution to an interesting problem”, http://oreilly.com/hacks/, (fecha de consulta 25 de octubre de 2010)

[5] Luis Paulo Vieira Braga, Luis Iván Ortiz Valencia y Santiago Segundo Ramírez Carvajal,Introducción a la minería de datos (Rio de Janeiro: E-papers, 2009): 11 – 12.

[6] Anthony Scime (ed) Web mining: applications and techniques (Londres: Idea, 2005): vi.

[7] Fermín Ezquer Matallana y José Manuel Castellano Delgado, B2S “Big to Small” (Oleiros: Netbiblo, 2010): 22

[8] Anaclet Pons, “Los retos de la historia digital” entrada de blog Clionauta: blog de historia. Noticias sobre la disciplina (Anaclet Pons), (3 de diciembre de 2008), http://clionauta.wordpress.com/2008/12/03/los-retos-de-la-historia-digital/, (fecha de consulta 25 de octubre de 2010)

[9] William Turkle, Adam Crymble y Alan MacEachern, The programing historian (NiCHE: Network in Canadian History & Environment, 2a edición, 2009), http://niche-canada.org/programming-historian/1ed/about, (fecha de consulta 25 de octubre de 2010)

[10] “Con sofisticados equipos, únicos en América del Sur, la Biblioteca Nacional de Colombia incursiona en la era digital” http://www.bibliotecanacional.gov.co/index.php?idcategoria=39859

[11] http://www.eltiempo.com/seccion_archivo/index.php

[12] “The Panama Canal” The New York Times, 8 de enero de 1889, disponible online en http://cort.as/0d3c

[13] “The Panama Canal. An English Criticism” The Age, Melbourne, 7 de enero de 1889, p. 5, disponible online en http://cort.as/0d3e

[14] “The Panama Canal. A completion estimate.” Evening Post, Wellington, Volumen XXXVII, Número 23, 28 de enero 1889, p. 2, disponible en http://cort.as/0d3j

[15] “The Panama Canal Strike. But three men hurt during the temporary suspension of work.” The New York Times, 26 de enero de 1889, disponible en http://cort.as/0d3n

[16] Internet World Stats, “Internet World Users by Language”, Junio 30 de 2010, disponible en http://www.internetworldstats.com/stats7.htm

[17] Roy Rosenzweig, Clio wired: the future of past in the digital age. (New York: Columbia University Press, 2011) 6

 

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H-SEnet

Vale a pena conhecer este projeto:

http://h-senet.blogspot.com/

Descrição: Como resultado da pesquisa desenvolvida no âmbito do Programa de Bolsa de Iniciação Científica (PIBIC) da UFS, com o financiamento do CNPq, a equipe formada pelo professor Antônio Fernando de Araújo Sá e pela estudante de graduação Elidiana do Vale apresenta os primeiros resultados da pesquisa A INTERNET E A OFICINA DE HISTóRIA, com a divulgação do blog sobre temas relacionados à história de Sergipe. Pautado no diálogo entre a história regional e a cibercultura, nosso projeto discute a importância da historiografia digital para a formação do historiador do século XXI, trazendo questões relevantes para se pensar a História em Sergipe.

Depois não me digam que a relação entre a história e a internet é uma coisa de outro mundo. ;)

 

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Algumas questões pontuais sobre historiografia na rede

A modernidade e as novas tecnologias da informação e comunicação (TIC) têm criado novas maneiras de agir e interagir na sociedade, sobre isto não há dúvida. Aqui se discute sobre a forma como estas mudanças afetam a organização do espaço e do tempo do mundo e como os estudiosos das ciências sociais devem se mover ao interno das redesenhadas estruturas sociais, políticas, econônicas e culturais, questões emergem neste cenário saturação de mídias e diferentes redes sociais que é a era digital. O que nos interessa aqui é lançar luz aos problemas relevantes à fluidez dos dados – aparentemente soltos – na teia da web e tentar extrair destas reflexões algumas diretrizes pata uma necessária atualização do ofício do historiador.

Uma das questões centrais aqui é relativa ao estatuto da fonte. O advento da informática e do World Wide Web levou a uma redefinição epistemológica das. Não  muda  somente o suporte  – do tradicional para o digital – mudam também as formas de acessar, manipular e gerenciar as fontes. Surge também um novo tipo de fonte – aquele que já nasce em formato digital – que infere a necessidade de se revisar o método e prucurar uma nova abordagem para as fontes históricas digitalizadas, transformando também a relação entre o leitor-usuário e o texto. Um outro problema é a da corrosão da autoridade e da linearidade do texto, e  mesmo da autenticidade da fonte e dos variados documentos disponíveis hoje na rede. Projetar um modo para distinguir os dados oficiais dos não-oficiais é um dos desafios para os historiadores contemporâneos. E as produções “amadoras” de história na rede constituem uma outra problemática. Será justo ignorar a validade destas produções e julgar inadequado o seu uso para fins historiográficos? Este é um debate vital que está em andamento e merece muita atenção.

Na era do World Wide Web  a hipertextualidade transforma a relação entre texto e fontes, as torna disponíveis e acessíveis também para o leitor, permitindo uma criação, por parte do público, de diferentes percursos de leitura e viabilizando a verificação dos documentos utilizados na investigação, através de links e outras referências online, diferenciando ainda mais o texto digital daquele escrito em papel. A interatividade do leitor-usuário com a obra é potencializada no ambiente virtual.

Acontece que a rede em si se transforma em uma espécie de grande arquivo-Frankstein, no qual as classificações e vínculos arquivológicos são por demais instáveis e se faz necessário ainda abrir os caminhos para alcançar e classificar de forma inteligível todos os documentos, mas nem mesmo isto poderia garantir uma estabilidade dentro da liquidez do arquivo virtual, tudo é muito fluido e cada sujeito vai criando indivudualmente os percursos que deseja utilizar para chegar até uma informação. O crescimento da Web 2.0 e da blogsfera também são relevantes quando se fala em uma maior interação entre os diferentes atores e comunidades. Hoje é possível, por exemplo, realizar uma mesa redonda virtual, graças às novas tecnologia de informação e comunicação que  viabilizam as conferências áudio-vídeo com mais de duas pessoas ao mesmo tempo, é possível que um professor oriente seu aluno à distância, é possível que uma comunidade de estudioso promova debates ao interno de lista de discussões por e-mail… enfim, existe uma gama enorme de novas possibilidades, de novas relações que  merecem a atenção dos estudiosos das ciências humanas. O que significa tudo isto?

Para dar conta de todos essas transformações não é necessária uma de uma refundação do ofício do historiado, a base epistemológica deste permanece a mesma, o que muda e merece ser repensado são os métodos de análise crítica e como eles podem ser aplicados a novas fontes com uma nova abordagem. Com isto quero dizer que as bases da disciplina não devem ser revisadas, mas o método deve ser atualizado.

 

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Entrevista com Carlos Barros, da Historia a Debate

Encontrei uma entrevista interessante realizada pela revista Cantareira em sua oitava edição  (iniciativa de alunos de História da UFF) a Carlos Barros, coordenador do projeto Historia a Debate, que se propõe também a uma reflexão sobre a relação da internet com a historiografia. É impossível que passemos por esta revolução informativa impassíveis. É sem dúvida necessária uma atualização do nosso ofício (de historiadores). Reflexão que pretende discutir em um post à  parte.

Trancrevo a décima e última pergunta da entrevista que é sobre o tema que inspira este blog, falas obre história e internet, data de 2005:

10. Devido a grande importância atribuída pelo Historia a Debate ao papel da Internet para a produção historiográfica do século XXI, seja como meio de democratização de reflexões sobre a escrita da História, em contraponto ao “colonialismo” de centros tradicionais de produção, seja como forma de romper as amarras impostas pelas exigências do mercado editorial, instituições políticas e grandes meios de comunicação, gostaríamos que o senhor citasse e comentasse exemplos de trabalhos, ou projetos em andamento, que têm utilizado a Internet dentro dessas características.

Infelizmente não conhecemos outro exemplo como Historia a Debate que congregue assim historiografia e Internet, que pesquise, reflita e debata na rede o imediato com o objetivo de construir uma nova alternativa historiográfica. Faltam esforços homólogos, o que limita as nossas alianças a aspectos parciais ao mesmo tempo em que explica que a nossa expansão acadêmica não tenha ainda tocado no seu teto. Paralelamente à nossa experiência latina constituíram-se ou reconstituíram-se, no âmbito anglo-saxão, interessantes páginas web e listas de discussão de história (o servidor de listas H-Net, por exemplo, se bem não é ele mais do que uma página de serviços), os tradicionais congressos mundiais de história (organizados pelo International Committee of Historical Sciences, não costumam tratar a temática historiográfica e utilizam Internet de forma secundária), redes digitais de historiadores politicamente comprometidos (a mais recente Historians Against the War, embora não lute de maneira explícita por uma mudança global de paradigmas na nossa disciplina), revistas dedicadas à teoria histórica e à metodologia (um exemplo clássico é History and Theory, se bem usa subsidiariamente a Internet e não possui um programa claro e integrador de alternativa historiográfica).
A semelhança parcial de cada um destes projetos com HaD, todos com influência e origem norte-americanos (salvo o CISH-ICHS) e desenvolvidos também na última década, confirma o caráter universal e sintético da nossa aposta acadêmica, as possibilidades inéditas que são oferecidas ao mundo acadêmico latino e à superioridade da nossa estratégia historiográfica de síntese de futuro entre (A) o melhor da experiência, em organização e em conteúdos, das vanguardas historiográficas do século passado, e (B) as novas tecnologias da comunicação acadêmica e social. Desconhecemos em outras disciplinas, seja humanidades seja ciências sociais, um exemplo tão claro e organizado como o nosso, de paradigma disciplinar misto e global nos âmbitos (local / nacional / mundial), nos meios (digital / presencial) e nos conteúdos (histórico / historiográfico, passado / presente, debate / consenso, inovação / compromisso).
Alentamos, portanto, os colegas interessados a acompanhar o nosso trabalho, a seguir conosco, dentro e fora do âmbito acadêmico latino, dentro e fora da história como disciplina, completando com novas dimensões as experiências isoladas de sucesso nos campos da Internet e das ciências humanas, para as quais é preciso desprender-se definitiva e claramente dos anacrônicos resíduos da mentalidade “dependente” ou “colonial” imperante durante décadas nas nossas relações internacionais acadêmicas. A Internet já está sendo um lugar de encontro multilateral das melhores experiências internacionais da historiografia e das ciências sociais. Pode-se dizer que o novo academicamente se não está na rede é porque não é realmente novo. Aproveitemos, pois, a possibilidade democratizadora implicada pela rede de redes para mudar juntos a face da nossa profissão no mundo através de alianças historiográficas, intra e inter disciplinares, cimentadas no respeito mútuo, no debate e no consenso, sabendo que com isso contribuímos a um mundo melhor para todos.
Como você bem sugere na sua pergunta, a nova sociabilidade digital torna possível, na medida em que sigamos além da oferta acadêmica de novos serviços e lugares para publicar, uma democratização da historiografia e da academia assim como a recuperação da autonomia dos historiadores relativamente à influência –fragmentadora e às vezes inclusive mercenária– dos poderes políticos, dos meios de comunicação social, das grandes editoras. Haveremos de refletir mais sobre isso e de experimentar tudo, também a partir do Brasil. Estão todos convidados, vamos lá, e muito obrigado.

Entrevista na íntegra aqui.



 

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